Editorial: ¿Dónde están los “centauros indomables”?

Foto tomada de la web

Esta semana, cuando se celebraron 210 años de la Independencia de Colombia, muchos volvieron a recordar las gestas de los llaneros y lo determinantes que llegaron a ser para lograr la emancipación de la corona española. Calculan historiadores que más de 13.000 llaneros perdieron la vida en toda la campaña libertadora.

Si hoy somos una nación independiente o no, eso queda a discusión de cada lector, pero lo que sí debería llamarnos a la reflexión ahora, y el próximo Siete de Agosto en la Batalla de Boyacá cuando seguramente volveremos a recordar el arrojo y la valentía de los llaneros, es ¿qué pasó con esos “centauros indomables” que fuimos algún día?

Nuestro cuestionamiento, lejos de ofender a los raizales, a los llaneros criollos de sabana, pretende despertar el análisis de las razones por las cuales dirigentes, gremios y representantes empezamos a ser conformistas con el desarrollo de los Llanos Orientales y perdimos el protagonismo nacional.

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El ejemplo nos lo dio la semana pasada una región como el Pacífico que, con el liderazgo general del Valle del Cauca y en particular de una Fundación como ProPacífico, impulsa la conexión Pacífico-Orinoquia.

El estudio de pertinencia económica de este macroproyecto, financiado por la empresa privada vallecaucana, demuestra no solo lo estratégico que es para esa región este macroproyecto vial de 1.490 kilómetros de extensión, sino que es avance importante para aterrizarlo a la realidad, así tardemos décadas en terminarlo.

La voluntad y la osadía que tuvieron los llaneros en las hazañas libertadoras, se han diluido con los siglos y hoy sus herederos somos testigos tímidos de cómo se marcan las pautas de nuestro desarrollo desde Bogotá y otras regiones.

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Este macroproyecto de 25 billones de pesos, si bien es impensable para cualquier gobierno de turno, no lo ha sido para los vallecaucanos, quienes sí han visto en el Llano el futuro que tiene nuestra tierra.

Lo que nos parece una obra imposible de ver ejecutada algún día, toda vez que la inversión es lo que equivaldría a construir casi cuatro vías al Llano, otros han superado esas taras de pensamiento.

Es cierto: en otras regiones han decidido trascender en el tiempo con obras que quedarán por los siglos de los siglos en Colombia, pero nosotros, los que alguna vez fuimos llaneros indomables, nos quedamos pensando en pequeño, quejándonos del “abandono estatal”, esperando que otros decidan nuestro desarrollo.

Como nuestros “bisabuelos centauros”, es hora de pegarnos a los líderes y aportar a la gesta del desarrollo y mirar de frente el futuro.

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