Edilberto, un excombatiente reinventándose la vida

Edilberto

La cifra de desmovilizados se ha reducido desde el año 2017 en el Meta, por lo que no hay registros de personas que dejaran las armas en 2020.

Por Camilo Gallo|

Si se trata de reinventarse, Edilberto Ayala Garzón, un hombre de 35 años, se ha reinventado en su vida en diferentes oportunidades. Este hombre fue militante en el extinto grupo armado Farc, y hoy busca oportunidades para continuar superándose y darle un hogar estable a su familia.

Edilberto era un campesino criado en el campo de Mesetas, quien ingresó a la insurgencia en el año 2003, cuando apenas tenía 18 años. Por decisión propia, esa fue su primera reinvención.

“Estuve en el grupo por la afición a las armas, nunca me obligaron a estar allá, fue voluntariamente. Estuve diez años, pero fue una experiencia vivida que para mí no fue tan mala. Las armas son generadoras de caos y nosotros vivíamos en medio de la guerra”, resaltó Edilberto Ayala.

Muchas personas viven situaciones que resultan educativas a la hora de formar el carácter. Edilberto señala que él aprendió muchas habilidades para la vida en su condición de combatiente como ser solidario, compañerista y respetuoso.

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“Todas esas cosas le sirven a uno para comportarse en sociedad en la vida cotidiana, son valores que vemos a diario para ser tolerante. Uno era un soldado, la diferencia está en las ideologías, en que allá uno está porque quiere y no puede ver a la familia, ni le pagan”, agregó Ayala.

Tuvo que presenciar situaciones difíciles mientras hacía parte del grupo armado ilegal, entre ellas, comenta, los bombardeos dejaban unos panoramas escalofriantes ya que tenían que ver a muchos compañeros y conocidos, mutilados o con afectaciones graves de salud.

“Estuve en dos bombardeos, imagínese el desastre que hace una bomba de esas. Yo me salí de allá porque me aburrí, no quería llevar más esa vida porque la vida es muy dura, sea del grupo armado que sea. Allá uno estaba por voluntad, porque uno quería defender los intereses de un pueblo, al menos eso era lo que le inculcaban a uno”, añadió.

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Él describe el pertenecer a un grupo armado como algo cruel, ya que en ese contexto se debe vivir sin privilegios “aguantando necesidades en algunas ocasiones”, ya que por diferentes situaciones los militantes debían aguantar hambre o sed.

Tras dejar las armas, reinventó su vida una vez más. Esperaba con ansias reencontrarse con su familia, quería compartir momentos especiales con ellos para recuperar todo el tiempo que se mantuvo distante, ya que militando en las Farc sólo podían visitar sus familiares cuando se encontrara el grupo cerca del pueblo donde vivía su familia.

Edilberto

“Ahorita tiene uno la libertad de compartir con su familia en algunos momentos. Estando afuera del grupo armado tiene uno más libertad… Lo más bonito fue el reencuentro con mi familia, estar con ellos, compartir, charlar, compartir un diciembre reunido con todos y uno la pasa chévere”, dice.

Ahora su vida no está en el monte o las selvas de Colombia, Edilberto ahora es un microempresario que tiene su negocio, un supermercado, en el municipio de Acacías, donde convive con su compañera sentimental, quien también fue militante.

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“Nos distinguimos allá, compartíamos en algunas situaciones, pero ambos hacemos parte del programa de reinserción. Gracias a Dios por el negocito que nosotros tenemos, porque en pandemia no hemos pasado necesidad y hemos tenido el sustento para la familia, nos hemos sostenido en esta situación”, precisó Edilberto.

Según el histórico de personas desmovilizadas del Gobierno de Colombia, durante lo corrido del año 2020 no se han registrado personas que hayan dejado las armas en el Meta, mientras que en 2019 la cifra fue de cuatro desmovilizados, 21 en 2018 y 115 en 2017.

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