Maracuyá para sembrar futuro

Ruber poco a poco aprende de su cultivo de maracuyá, que ya le da para vivir.

Por Valentina Mejía

Ruber Suaza, un excombatiente de las Farc, fue obligado a incorporarse a las filas de la organización en el año 2010, cuando tenía tan solo 13 años; aunque duró un año siendo parte de este grupo, las marcas del conflicto lo afectaron.

 A sus 14 años logró desmovilizarse gracias a un operativo que hizo el Ejército en el municipio de La Mesa (Cundinamarca). Allí llevaba tres meses, pero cuando preparaba su regreso clandestino hacia el departamento del Meta, fue detenido y abandonó las filas de la tropa: “fue una época difícil, llevaba a cuestas el temor de que acabaran con mi vida”, recuerda Suaza

Lo más complejo para él, según afirma, ha sido reincorporarse a la vida civil, no solamente por los señalamientos que a veces debe vivir diariamente, sino también por la falta de oportunidades que tienen para surgir de nuevo en la sociedad.

“Uno cuando sale del campo, sale con los ojos cerrados, uno no sabe con quién se va a encontrar y cómo será este proceso. Gracias a Dios, todo se puede superar y uno tiene que salir adelante con las pocas oportunidades que se presentan”, expresa Ruber.

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Sin embargo, gracias a la colaboración de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) y al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), logró para el año 2017 terminar sus estudios de bachillerato y además hacer un técnico en ganadería.

Por otro lado, tuvo la fortuna de acceder a la financiación que da el Gobierno Nacional para liderar iniciativas y proyectos productivos, con el objetivo de que logre una sostenibilidad económica en el marco de la legalidad, permitiéndole empezar con un plan de vida perdurable junto a sus seres queridos.

Inicialmente, Ruber decide invertir en ganadería, no obstante, tuvo inconvenientes a la hora de traer el ganado y, además, se dio cuenta de que no era tan rentable como esperaba. A raíz de eso, toma la decisión de vender las reses e invertir el dinero en un cultivo que tiene actualmente de maracuyá.

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“Una vaca para que pueda parir una becerra tiene que esperar un año y para que esa becerra le vuelva a dar cría, tiene que esperar aproximadamente dos años. La maracuyá, por tardar, a los seis meses ya está generando ingresos”, dice Suaza con la experiencia que le da haber trabajado en el campo que es lo que más le gusta.

Lleva aproximadamente un año con este proyecto en la vereda Alto Guapaya del municipio de Vista Hermosa, en una experiencia de alegrías y frustraciones.

“Yo me retrasé mucho porque cuando sembré en agosto, llegó diciembre y en esas el verano. Tuve inconvenientes porque no tenía con qué comprar la motobomba, entonces sufrí mucho en ese instante por el tema de la sequía”, dice Ruber sobre esa nueva labor de ser campesino.

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Hasta el momento tiene media hectárea de maracuyá que le produce lo suficiente para vivir del cultivo. En los últimos cuatro meses ha podido sacar 1.000 bolsas de maracuyá las cuales comercializa directamente con los compradores de esa zona.

Por otro lado, aunque el Gobierno Nacional ha indemnizado a más de 90.000 víctimas, Ruber aún está a la espera, pues hasta el momento, según afirma, no ha obtenido respuesta. Espera, con esos recursos, seguir invirtiéndole a su proyecto de emprendimiento, que con creces reemplazó a la zozobra de vivir en guerra.

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