Editorial: Fantasmas y “crímenes pasionales”

Publicada y tomada de lasillarota.com

Algo está fallando en las rutas de atención que tanto dicen activar y tener listas las diferentes entidades públicas, pero que no permiten prevenir tragedias como la que sufrió Leidy Tatiana García Ocampo, a manos de su pareja sentimental, la semana pasada en Villavicencio. 

El feminicida, Diego Castaño Ramírez, un joven de apenas 26 años, tuvo todo el tiempo para sacarla de su humilde vivienda con engaños, asesinarla y enterrarla. Si él mismo no confiesa, a lo mejor aún estarían buscando el cuerpo de la mujer.  

Foto: Santiago Herrera Las personas violentas presentan ciertos comportamientos que a veces no son vistos a tiempo.

Yolima Alexandra Carrero Sánchez, presidente de la Fundación Mujer en el Meta, dijo que desde agosto Leidy había sido golpeada a martillazos por Diego, a tal punto que la llevaron inconsciente al hospital.

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Al salir, y debido a que no tenía para dónde más regresar, tuvo que irse al rancho donde también habitaba su victimario, junto con sus hijos. 

Un ambiente social humilde, con un entorno en el que todo parecía estar en contra, halló a Leidy con unas instituciones que no supieron como protegerla, o al menos orientarla con lo que debía hacer.

El problema de estas cacareadas rutas de atención es que al integrarlas varias instituciones, la responsabilidad, cada vez que ocurre un crimen como estos, termina diluyéndose y nadie da la cara. 

Foto: tomada de El Espectador

Y aunque mencionamos un entorno de pobreza, los feminicidios están en todos los estratos sociales. Por lo que, además de las rutas de atención, también están fallando las familias y los sistemas de educación. 

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Apenas dos semanas antes del crimen de Leidy, Carlos Andrés Sandoval Villamizar, de 22 años, confesó que había golpeado y luego estrangulado a su exnovia, Natalia Fernández Montoya, una estudiante de ingeniería de sistemas de la Universidad de los Llanos. El criminal también era universitario de ese mismo centro educativo.  

Todo esto es tan indignante como que uno de los medios digitales más vistos en Colombia, el único análisis que terminó haciendo fue el de unas imágenes de televisión en donde aparece un supuesto fantasma en el sitio donde enterraron a Leidy Tatiana. 

Foto ilustración, tomada de la web

Solo por el respeto a tantas víctimas, los medios de comunicación no deberíamos estar al servicio de los “likes” en redes sociales, y menos en casos como estos donde se cometieron tantos errores institucionales.

Entidades, familia, instituciones educativas, ONG y medios de comunicación nos indignamos a través de las redes sociales, y a lo sumo asistimos a protestas, pero es hora de que cada una asuma su cuota de responsabilidad en un fenómeno social que hace rato dejó de ser “hechos aislados” o “crímenes pasionales”. 

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