Editorial: Amenazas y distanciamientos

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El disenso en política siempre será parte de su razón de ser y en especial el de la democracia. En nuestro sistema, ese derecho no solo a pensar diferente sino a expresarlo de manera libre, es el deber ser, en teoría.

De otra parte, el funcionamiento de pesos y contrapesos en las instituciones fue moldeado durante siglos justamente para garantizar de alguna manera que no exista ese unanimismo en torno a un gobernante y que haya quien ejerza la labor de control, en algún momento dado.

Tanto el poder, el disenso, como los contrapesos deben evitar abusos, decisiones compulsivas que sean producto de las calenturas y muy en especial el sacrificio del bienestar colectivo por el afán de necesidades a corto plazo.    

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La reflexión es por las escandalosas declaraciones que han tenido desde la Asamblea del Meta algunos de sus diputados que, sin duda, tensaron las relaciones con el Palacio de Bambú. El primero fue el presidente de la Duma, Henry Ladino, un político acostumbrado a decir las cosas como son y que por su experiencia en esa corporación tiene credibilidad. 

La declaración no trascendió a medios nacionales, pero básicamente lo que dijo Ladino fue que si algo le ocurría a él o a alguno de los diputados “era responsabilidad de la Gobernación”. Esta semana el que habló fue Arley Gómez, del Partido Verde, quien sostuvo que había sido amenazado y esperaba que no hubiera sido por lo que se venía denunciando en el recinto de la Asamblea.  

Asamblea Departamental del Meta

Aunque hasta el cierre de esta edición no se habían tramitado formalmente denuncias ante las autoridades, esas declaraciones han enrarecido el ambiente político. Al margen del natural control institucional que debe tener la corporación sobre la Gobernación, las declaraciones han confirmado el deterioro en las relaciones entre diputados y el mandatario departamental.

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Y no es que per se  esas relaciones deban ser cordiales. No, justamente por los contrapesos y el disenso del que hablábamos antes, el distanciamiento es bueno para la Asamblea, sin embargo, preocupa que en ese desgaste de vínculos haya demoras en los proyectos que se deben tramitarse en la Corporación o que la Gobernación del Meta atrase su agenda de desarrollo por la misma razón. 

De hecho, algunos diputados dijeron que la administración departamental tardaba demasiado en tramitar los proyectos para el estudio de la Asamblea. 

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Lo que tampoco se espera es que este clima caldeado, al que no ha reaccionado el gobernador Juan Guillermo Zuluaga, valga la pena decirlo, sea solo producto de afanes burocráticos, como dicen en los bajos de la Asamblea. Sería lamentable que el alboroto, grave en sí mismo, se supeditara a eso. 

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