Editorial: Amor por el rebrote

Villavicencio

“Que se mueran los que se tengan que morir, qué más vamos a hacer”. La frase la hemos escuchado varias veces en diferentes escenarios, uno de ellos en los billares del barrio San Benito en Villavicencio, en donde abiertamente todas las noches se rompen las normas de distanciamiento físico o, el más básico, el uso de tapabocas.

Las palabras necias hacen alusión a ese relajamiento colectivo que tienen los llaneros con la reapertura de los locales comerciales, iglesias, bares y discotecas. Si bien el regreso se hizo con el objetivo de no seguir con una economía paralizada y más empresas quebradas, salir de nuevo a las calles parece haber dado carta blanca a miles de ciudadanos que, sin los autocuidados necesarios, andan sin importar que el virus siga en el aire.

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Como excusa, ha salido la frase que es más bien una confirmación de que para muchos colombianos la vida no vale nada y recuerda una más popular: “si hay que morirse, pues vayámonos enfermando”.

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Al comienzo de la pandemia mencionábamos que si algo debía dejar esta etapa de nuestras vidas era justamente el amor por la existencia, el respeto y el reconocimiento por el otro, sin embargo, la ciudadanía en su afán de regresar a “la normalidad”, está botando por la borda los cuidados que aprendimos en siete meses de encierro.

“La normalidad” de la que disfrutan irresponsablemente miles de personas haciendo gala del desaire a las pautas de bioprotección y actuando como si el virus ya tuviera vacuna, fueron los mismos malos hábitos que nos tienen hoy luchando contra una pandemia.

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El aprender a vivir con el virus no significa actuar como si no existiera, por el contrario, es tenerlo tan presente que los cuidados de higiene se vuelvan tan cotidianos que mantengamos a raya su contagio.

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No aprendemos de Europa, un espejo que refleja con unos dos meses de antelación la imagen de lo que ocurrirá en América. Hoy varios países entre ellos Francia y Alemania, vuelven a encerrarse para contener el virus, luego de cerca de 60 días de haber reabierto locales comerciales, cafés y bares.

La indisciplina ciudadana ha cobrado vidas y seguramente lo seguirá haciendo. Esta semana murió en la capital del Meta un reconocido médico que sorprendió a muchos.

El rebrote es casi inevitable y tal vez tenga mayor fuerza esta segunda ola que con seguridad llegará a nuestra región, incluso a los billares, bares y restaurantes donde parece que la consigna es “que se mueran los que se tengan que morir, qué más vamos a hacer” y “si hay que morirse, pues vayámonos enfermando”.

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