Editorial: Protocolos no deben ser ‘peajes’

Debemos regresar a la calle con el virus aún rondando nuestras narices. Será una realidad, ya no cuestión de meses sino de días. Y como dijimos en el pasado, aquí no hay que caer en las polarizaciones regionales que alguna vez marcaron la agenda como “agua o petróleo”; en esta ocasión tampoco caeremos en los dualismos trágicos de qué preferimos: ¿“economía o salud”?

Por más que el encierro permitió a muchos redescubrir aspectos con sus familias o con ellos mismos, también es cierto que los más vulnerables ven el prisma de una manera menos romántica y pasan situaciones muy complicadas que solo se resuelven saliendo a la calle a trabajar en el rebusque.

Es una necesidad recuperar la actividad productiva de la región, de una manera paulatina y ordenada, asumiendo los cuidados necesarios para que no se afecte la salud de los trabajadores ni de sus empleadores. Para que esto se cumpla se necesita que comunidad y autoridades asuman sus responsabilidades sin medias tintas.

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Los protocolos de bioseguridad no se pueden convertir en los nuevos “certificados de revisión tecnomecánica”, los cuales, no nos digamos mentiras, se han convertido en herramientas de corrupción para dejar pasar fallas en los vehículos que tarde o temprano cobran vidas humanas. Los protocolos de bioseguridad no pueden ser el nuevo “peaje” que tengan que pagar a los corruptos los empresarios o comerciantes, quienes ya de por sí deberán asumir una dura carga para sostenerse.

Las autoridades, especialmente las alcaldías locales, deben ser cuidadosas de que los funcionarios sean incorruptibles a la hora de revisar y aprobar esos documentos que deben presentar las empresas y los pequeños negocios para poder reabrir sus actividades.  Quienes tengan bajo su potestad aprobar o rechazar el trámite de los pasos de bioseguridad, tienen que entender que no solo la salud de una empresa está en juego sino la de todo el municipio.

Los protocolos son cartas de navegación en la “nueva normalidad” de nuestra sociedad, sin cuya aplicación se aumentarán exponencialmente las posibilidades de contraer el virus que, dicho sea de paso, los científicos ya auguran que se quedará por muchos años entre nosotros.

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En adelante, si no asumimos un protocolo propio de protección, que nos contagiemos no será culpa del Gobierno sino de la laxitud con la que asumamos este delicado tema de salud pública.

La batalla la dimos los últimos meses desde las casas, es hora de salir y enfrentar esta nueva realidad y que debe hacernos cambiar de hábitos y sobre todo tomar conciencia de la importancia de la solidaridad y la responsabilidad como sociedad.

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