El dolor de la vacuna

Si el dolor es intenso, se pueden hacer ejercicios de estiramiento del hombro y moverlos en círculos.

El dolor en el brazo provocado por la vacuna del Covid no dura más de dos días. Aunque puede provocar molestias para movimientos, o para dormir apoyado de un lado, remite por sí solo. 

Por Jairo Ospino. Epidemiólogo Cruz Roja Meta

Quienes han recibido la vacuna para la COVID-19 relatan que lo de menos fue el picotazo de la aguja, lo que más recuerdan es el dolor en el brazo, que a algunos impide dormir la primera noche y que continúan adoloridos por unos dos o tres días. Otros no relatan ningún dolor.

Presentar o no dolor o sensibilidad en el brazo depende de la susceptibilidad individual, de la tolerancia al malestar y de la forma como la vacuna desencadena la respuesta inmune. Pero la protección vacunal no está relacionada con el grado de dolor o molestias en el sitio de la inyección. 

La dosis recibida no es un factor que explique el desagrado percibido, pues la cantidad que se administra es realmente pequeña, unos 0,3 mililitros. La aguja tampoco sirve como motivo que derive en el dolor tras la vacunación, porque es de las usadas en la vacunación pediátrica. 

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Los componentes del biológico tampoco, porque el cloruro potásico, sódico y sacarosa no causan reacción importante. Cuando el líquido entra con fuerza se distribuye entre las fibras del músculo que se abren; esas fibras van agrupadas como si fueran haces de trigo. Si el líquido se introduce en una cantidad importante, esas fibras se separan y se genera una tensión que es la responsable, en parte, del dolor. 

Otra de las razones podría ser la velocidad de la inyección, pues no todos los vacunadores tienen la paciencia suficiente para inocular lentamente. La zona de destino de la vacuna también contribuye, el deltoides es un músculo que protege y rodea al hombro, tiene tres porciones: anterior, lateral y posterior; la inyección se suele administrar en la zona lateral que básicamente realiza la separación del brazo como para peinarse; su función básica es la movilidad del hombro. 

Es por eso por lo que puede dificultar la realización de los movimientos, como esa separación del brazo o dormir sobre el lado vacunado cuando se ha administrado el líquido justo ahí. Se aplica en el deltoides porque es un musculo que está muy vascularizado y se tienen muchas posibilidades de que haya células que detecten al antígeno y desencadenen la respuesta.

Pero la explicación más segura es la que tiene que ver con la reacción del organismo. La vacuna lo que hace es poner en contacto un antígeno (lo que simula al virus) con las células del cuerpoMinutos o incluso segundos después de recibir la vacuna el organismo detecta ese antígeno y manda una señal de alerta generalizada: “¡hay acá algo extraño, ayuda!” Esta reacción rápida, conocida como respuesta inmunitaria innata, involucra a una gran cantidad de células inmunitarias que llegan a ese lugar y producen proteínas conocidas como citocinas, quimiocinas y prostaglandinas, que atraen a más células inmunitarias y tienen todo tipo de efectos físicos. 

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Las citocinas y prostaglandinas dilatan los vasos sanguíneos para aumentar el flujo sanguíneo, causando aumento de temperatura local, enrojecimiento e hinchazón; también pueden irritar los nervios y contribuir a la inflamación dolorosa (pregunte a cualquiera que trabaje en salud cuál es la triada de la inflamación y les contestará casi sin pensar: calor – rubor – dolor). 

Pero la respuesta inmunitaria innata no cesa en el brazo. Para algunas personas, el mismo proceso inflamatorio también puede provocar fiebre, dolor generalizado, dolor articular, sarpullidos o dolor de cabeza. Los expertos también señalan que es probable que la genética esté implicada de formas variadas y complejas. Y el sexo también importa. 

Además de la vasta literatura sobre diferencias sexuales e inmunidad, las mujeres parecen sufrir más efectos secundarios que los hombres por la vacuna AntiCovid, aunque el propio virus parece afectar más a los hombres. 

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Como se refería, la percepción del dolor es otro factor. Cada persona procesa las señales de dolor de forma diferente. Y el miedo y la ansiedad pueden exacerbar las sensaciones de dolor, entre ellas el susto a las agujas. 

Ante los esfuerzos para vacunar a la gente lo antes posible, las autoridades de salud pública suelen pasar por alto las explicaciones necesarias acerca de las reacciones secundarias. Y este es un método para reducir el miedo y fomentar las estrategias de afrontamiento para mejorar la experiencia de vacunación. 

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