En el Meta, el SENA inventa bolsas a base de cáscaras de maracuyá

En promedio cada año más de 39 mil toneladas de cáscara de maracuyá son desechadas en el Meta, la Instructora Luz Stella Henao, busca producir con ellas bolsas biodegradables

El proceso de innovación aprovecha el 70% de la fruta que generalmente es desechado.

Luego de una investigación de 8 años, gracias al esfuerzo de los instructores de agroindustria, Luz Stella Henao Díaz y Cristian Leonardo Cadena; además del apoyo del personal SENNOVA del del Centro Agroindustrial del Meta; el SENA patentó el proceso de fabricación de un bioplástico a base de cáscara de maracuyá.

A diferencia de sus principales competidores en el mercado colombiano, que utilizan como materia prima papa, yuca y maíz para su fabricación, esta innovación usa material que generalmente es arrojado a las basuras o es usado para la creación de fertilizante.

La patente de invención registrada por el equipo de investigación del SENA ante la Super
Intendencia de Industria y Comercio, entidad reguladora encargada en Colombia, mediante
resolución 6925 de 2021; comprende los derechos de la propiedad intelectual bajo el título
de “Material bioplástico biodegradable obtenido a partir de albedo de cáscara de maracuyá y proceso de obtención del mismo», lo cual faculta a la entidad más querida por los colombianos, a continuar con su investigación, desarrollo y producción; además de hacerla beneficiaria de las potenciales ganancias que su posterior comercialización pueda generar, tanto en Colombia como en el exterior.

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La ingeniera de Alimentos e instructora del área de Agroindustria relató cómo obtuvo la
idea: “El 70% de peso total de la maracuyá normalmente es desechado; es allí donde mi experiencia como madre de 4 hijos influyó en mi actuar profesional, pues como madre busco aprovechar cada gramo de nuestros alimentos; por lo que inicié usando la cáscara como agente espesante de jugos, la producción de bocadillo y de películas comestibles. Fueron estas últimas las que me llevaron a investigar su aplicabilidad en el área de los plásticos biodegradables”.

Para la producción de este biopolímero, la cáscara es sometida a una hidrólisis ácida por
calentamiento, luego son añadidos una serie de plastificantes e impermeabilizantes
orgánicos y humectantes; para finalmente pasar por un proceso de secado. Todo el
proyecto por el momento es desarrollado de manera artesanal y se espera posteriormente
ser extrapolado a un proceso industrial.

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Las bolsas producto de este proceso pueden ser usadas para el transporte de productos
secos, pues al ser expuestas a la humedad inician su proceso de degradación, la cual no
genera ningún tipo de toxina; sin embargo, son más resistentes que las bolsas de papel
convencionales. Además, una vez degradadas pueden ser utilizadas como fertilizantes
orgánicos o nuevamente tratadas para la construcción de materas u otros utensilios.

En promedio el SENA invirtió para este proyecto 95 millones de pesos en cada una de sus
tres fases de investigación, provenientes del programa SENNOVA; durante las cuales
inicialmente fue integrado un equipo de profesionales, quienes diseñaron el proceso; luego
se adquirieron equipos y materiales para probar con diferentes métodos de producción;
para finalmente generar prototipos que confirmaron la resistencia y viabilidad del material.

“Una vez obtuvimos resultados positivos, iniciamos los trámites para obtener la patente de
invención del proceso, desde entonces han transcurrido dos años”¸ aseveró Luz Stella quien junto a su equipo de investigadores, ahora ostentan el título de inventores otorgado el ente regulador.

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“El principal atractivo de nuestra invención radica en que para su fabricación es utilizado
material considerado como un desecho en los procesos de producción industrial de la pulpa
o en la fabricación de jugos; mientras que contrapartes como las bolsas hechas a partir del
almidón de yuca, papa o maíz, deben sacrificar el material que originalmente es pensado
como un alimento; este hecho también hace que pueda ser superada la desventaja de los
costos en su producción, frente a los productos derivados del petróleo; pues en sí misma la
cáscara no tiene precio, luego de que la pulpa es aprovechada”, afirmó la instructora.

El Sistema de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación del SENA, SENNOVA,
dispone de más de $10.000 millones anuales para financiar y promover proyectos de
innovación en los centros de formación, a través de su línea programática Fomento a la
Innovación.

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