jueves, 25 de abril de 2024
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Iván Carrillo, amor y pasión por el Llano


Iván Carrillo, amor y pasión por el Llano 1
El joropo brota por las venas de Iván y su grupo, con ganas de aprender e innovar.
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Redacción PDM

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Por Natalia Chipatecua H.

Emprendedor, visionario y apasionado por la cultura llanera, así se describe Iván Carrillo, un joven araucano que llegó hace 16 años a Villavicencio para realizar sus estudios universitarios; aunque cursó algunos semestres de administración, economía y comunicación visual.

Confiesa que su anhelo de participar en el Torneo Nacional del Joropo fue en realidad el sueño que lo trajo hasta la puerta del Llano.

Su pasión y su interés por la cultura llanera se la debe a su familia que siempre ha estado vinculada con el arte y las tradiciones del Llano: “mi abuelita, Elida del Carmen Carrillo, conocida como ‘La Mariposa del Llano’ era bailadora de joropo, muy reconocida en los años 60, ganadora de casi todos los festivales en su época y fue quien desde muy chico me inculcó el amor por la música llanera y el joropo, fue ella quién me enseñó a bailar”, recuerda.

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Su vasta experiencia adquirida al hacer parte de agrupaciones como ‘El Elenco Artístico Zumba que Zumba’, ‘La Corporación Alma Llanera’, en Arauca, así como trabajos en diferentes escuelas en Villavicencio como ‘Los Taguaros’, ‘Cormañaron’, ‘Semillero Llanero’, ‘Colombia Grande’, ‘Corculla’, ‘La Corporación Cultural Danzat’, coreografías y talleres en la Universidad Gran Colombia y la Universidad Nacional de Medellín, fueron esos grandes impulsos que lo ayudaron a tomar la decisión de abrirse camino solo y aportarle al folclor llanero, ahora desde su propia Corporación Cultural  Baila Joropo.

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Baila Joropo se constituye en enero de 2020 como una ventana de visibilidad para rescatar, promover y otorgar un reconocimiento a las tradiciones llaneras; allí se conforma la Agrupación Curare, que se integra por chicos cuatristas, maraqueros y bailadores que buscan demostrar en cada presentación la diversidad de la cultura.

También se crea ‘Los Chiquitines del Joropo’, niños de dos años en adelante que, por medio de actividades didácticas, aprenden a bailar y conocer la historia del Llano. Cuentan con un proceso de formación en un nivel inicial, intermedio y avanzado.

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El año pasado, a tan solo tres meses de abrir sus puertas al público, Baila Joropo tuvo que cerrar debido a la pandemia, lo que significó para este araucano de nacimiento, pero metense de corazón, renunciar a los instructores que trabajaban con él.

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Sin embargo, afirma que no fue tan difícil adaptarse como corporación, a la situación de confinamiento, pues desde el año 2017 venían trabajando en un canal de YouTube, realizando clases en vivo, donde ya cuentan con 6.500 suscriptores; esto sirvió para que, a raíz de la pandemia, pudieran fortalecer esa experiencia digital para continuar con el proceso de enseñanza.

“A partir de eso, tuvimos que comprar una cámara, hacer un curso de software para aprender a manejar bien el programa”, indicó Iván Carrillo.

Las situaciones adversas a raíz de la pandemia fueron solo un impulso que lo llevó a asumir nuevos retos para continuar con su proyecto cultural, fue entonces cuando se hicieron partícipes como academia con “el primer Joropódromo online” en el Tornero Nacional del Joropo, “Ingeniamos el joropodromo online que se realizaba en el mes de junio, hicimos un en vivo y las personas iban bailando desde sus casas, eran entre 40 o 50 alumnos al mismo tiempo de manera virtual”.

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Hace dos meses y medio reabrieron este espacio donde se siente el amor, la tradición y el calor llanero, con el firme propósito de seguir mostrando estas prácticas culturales y apostarle a un reconocimiento nacional e internacional, que se convierten en un talante para recordar, resaltar y valorar la riqueza de una tierra llanera.

“Hablando de historia de una manera práctica y didáctica, el llano tiene muchas cosas por contar, incluso yo todavía sigo aprendiendo de sus costumbres y festividades, que tal vez han estado un poco olvidadas y se están quedando en los pueblos o, en el peor de los casos, solo en el recuerdo de los abuelos” enfatizó Iván, quien considera que esta podría ser una manera de incentivar a las nuevas generaciones para que se apropien de sus raíces llaneras.

Formar a los estudiantes desde su propia academia Baila Joropo, dirigiendo coreografías, enseñando un instrumento o contando una historia es lo que más valora de su trabajo; un zapateo fuerte en un escenario, un canto melodioso y la demostración de algún instrumento, lleva a recuerdos de un trabajo arduo.

“El ver cómo tus alumnos han crecido, ganando festivales, apropiándose de la cultura, es lo mejor. Cuando ves a un público feliz que aplaude, que ríe, es una emoción muy gratificante y es lo más satisfactorio de mi trabajo”, puntualiza Iván Carrillo.

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