Los retos ambientales de la palma en la Orinoquia
- Publicado en Jun 27, 2026
- Sección Región, Lo Mas Reciente
La investigación que adelanta la Fiscalía General de la Nación contra una presunta organización señalada de deforestación y acaparamiento ilegal de tierras en el municipio de Mapiripán, ha llevado a revisar la relación entre las actividades productivas y la protección de los recursos naturales. Según el ente acusador, las órdenes de captura emitidas contra 21 personas se enmarcan en un proceso por presuntos delitos de deforestación, ecocidio, aprovechamiento ilícito de recursos naturales, concierto para delinquir y fraude procesal, en una zona de especial importancia ambiental donde desde 2008 también opera un proyecto de palma de aceite.
Por Daniel E. Jiménez Zambrano
En medio de ese contexto, Periódico del Meta consultó a representantes del sector palmero, investigadores y expertos ambientales para conocer cuál es la realidad de la palma de aceite frente a temas como la deforestación, la sostenibilidad y las buenas prácticas productivas.
Durante el 54° Congreso Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite, realizado recientemente, voceros del gremio insistieron en que la actividad palmera colombiana se ha desarrollado bajo principios de sostenibilidad y dentro de la frontera agrícola establecida por el país.

Para Nicolás Pérez Marulanda, director ejecutivo de Fedepalma, una de las principales dificultades que enfrenta el sector es la percepción que existe entre parte de la opinión pública, que asocia directamente la palma de aceite con procesos de deforestación registrados en otras regiones del mundo.
“Desafortunadamente mucha gente asocia el cultivo de la palma de aceite con la deforestación porque en otros países, especialmente en el sureste asiático, efectivamente se deforestó mucha selva para sembrar palma. Colombia ha tomado una decisión desde hace décadas de establecer toda la palmicultura dentro de la frontera agrícola y de desligarse completamente de la deforestación”, afirmó.
Según el dirigente gremial, la experiencia colombiana ha seguido una ruta diferente. “Hoy en día podemos demostrar que en el caso colombiano no ha habido deforestación asociada con nuestro cultivo y que es posible sembrar palma de aceite sin deforestación y en armonía con el medio ambiente”, agregó.
Una visión similar expuso Andrés Felipe García Azuero, director de Planeación Sectorial y Desarrollo Sostenible de Fedepalma, quien destacó que el Meta y la Orinoquía concentran una parte importante de la producción nacional y han avanzado en la adopción de estándares ambientales.
“El Meta es uno de los departamentos más activos y dinámicos de la producción palmera en Colombia. Allí ha habido un compromiso muy alto avanzando en estándares de certificación y mejores prácticas que pasan por la cero deforestación, la protección de corredores biológicos y la conservación de la biodiversidad”, señaló.
García explicó que la sostenibilidad no se limita al componente ambiental, sino que también involucra aspectos sociales como la generación de empleo formal, el fortalecimiento de las comunidades rurales y la construcción de oportunidades para las nuevas generaciones que permanecen en el campo.

No obstante, reconoció que existen retos importantes para el futuro de la agroindustria, entre ellos la renovación de cultivos envejecidos, el relevo generacional y la adaptación a fenómenos climáticos cada vez más intensos.
“Tenemos el compromiso y la necesidad de hacer esto bien y de ser ejemplo para Colombia y el mundo de cómo se lleva a cabo una actividad agroindustrial eficiente, eficaz y muy respetuosa del entorno natural y social”, sostuvo.
Desde el ámbito científico, Román Tibavija Cipagauta, director del Centro de Investigación La Libertad de Agrosavia, explicó que los impactos ambientales no dependen exclusivamente de un cultivo determinado, sino de las prácticas implementadas durante su desarrollo.
“El tema de qué tan contaminante puede ser un cultivo depende mucho de la gestión que se hace. Cualquier actividad económica genera impactos ambientales; lo ideal es mitigarlos, disminuirlos o evitarlos mediante buenas prácticas”, manifestó el director.
El investigador destacó que el sector palmero colombiano cuenta con mecanismos de seguimiento, certificaciones y compromisos internacionales orientados a reducir su huella ambiental. Entre ellos mencionó la Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (RSPO), que promueve criterios de producción responsable para acceder a mercados internacionales.
“Lo que uno puede asegurar es que los productores vinculados a estos esquemas deben implementar buenas prácticas que disminuyan los efectos ambientales del cultivo”, indicó.
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Sin embargo, desde sectores ambientales persisten observaciones sobre el modelo productivo. Una experta consultada por Periódico del Meta, quien pidió mantener en reserva su identidad, señaló que uno de los principales cuestionamientos radica en la naturaleza de la palma como monocultivo.
“El tema con la palma es que es un monocultivo. Aunque existan certificaciones y procesos ambientales, sigue siendo una actividad que requiere el uso de agroquímicos y eso genera impactos sobre el ecosistema”, expresó.
La especialista finalizó explicando que indicadores como la presencia de abejas y otros polinizadores permiten medir la salud de los ecosistemas y evaluar los efectos que generan las actividades productivas sobre la biodiversidad.
“Las abejas son el mayor indicador de qué tan equilibrado está un ecosistema. Por eso es importante analizar los efectos que cualquier actividad productiva puede tener sobre la biodiversidad”, concluyó.
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