“Pasó la guerra por nuestros cuerpos, y nosotras no la estábamos buscando”: Ana Isabel García

Ana Isabel García es una líder social, víctima de violencia sexual y desplazamiento forzado por causa del conflicto armado colombiano. Proviene del departamento del Cesar. Hoy, lidera procesos de visibilización y reconocimiento a mujeres con sus mismos hechos victimizantes desde la Asociación de Mujeres Víctimas Encaminadas hacia la Paz (Asomuvicopaz) en Villavicencio.

Hace seis años vive en la capital del Meta, en el asentamiento Villa Campestre, ubicado al margen del río Guatiquía, donde ejecuta trabajos con 80 mujeres, la cuales hacen parte de la asociación, todas, víctimas de violencias basadas en género.

“Cuando llegué a Villavicencio, fui a la Unidad de Víctimas y me encontré con una amiga de Bogotá que estaba ejecutando unos procesos, entonces decidimos conformar la asociación de mujeres, porque llegué a vivir en el asentamiento y veía un abandono del municipio, del gobierno y el estado” afirma Ana Isabel.

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El 28 de febrero de 1987 Isabel entró a hacer parte de las mujeres víctimas de violencia sexual que se registraron en el marco del conflicto armado colombiano, tenía 14 años. Para esa época, fue desplazada del municipio Agustín Codazzi, en el Cesar, junto a su padre y sus cinco hermanos. Diez años después, nuevamente sufrió este flagelo. Fue desplazada de Pelaya, Cesar, pero esta vez llegó a la capital colombiana.

En Bogotá, Ana Isabel García descubre la magnitud del maltrato a la mujer en el conflicto armado y la falta de su reconocimiento, por ello, mujeres con su misma condición deciden unirse y hacer parte de ‘Taller de Vida’, una corporación que ofrece atención psicosocial, “fue la primera vez que estuve en un espacio psicosocial, tuve la oportunidad de crecer como persona y compañera, ver más allá de mi sufrimiento para aportar al trabajo que ellos estaban haciendo con mujeres que no tenían la capacidad de gestión”, asegura Isabel.

Siempre orgullosa de su origen campesino, Ana se describe como una mujer participativa, “siempre me ha gustado preguntar, indagar, hacer parte de procesos creativos que expongan el abuso contra las mujeres y el dolor que llevamos cada una, poder reunir mujeres de diversas culturas, pero con un hecho en común”, agrega.

En el año 2013 se graduó como bachiller. Y aunque no ha hecho una carrera, ha tomado cada escenario académico para enriquecer sus conocimientos, sin embargo, considera que los saberes más importantes son las cualidades que otorgan las experiencias, para a partir de estas trabajar por el bien común.

“No he hecho una carrera, todo son aprendizajes de la vida, pero he hecho muchos diplomados, incluso estoy haciendo uno en Bogotá de Derechos Humanos y Políticas Públicas con Sisma Mujer, así como uno aquí en el Meta de Derechos y Equidad de Género con la Unimeta, al igual que otro sobre Liderazgo y Cooperativismo de Gestión Ambiental con la universidad Santo Tomás en Bogotá, todos esos procesos me han ayudado a poder superarme y crecer”, explica Ana Isabel.

Por ello, su curiosidad no para, llevándola a hacer parte de distintas organizaciones como el Instituto para la Economía Social IPES, donde trabajó con mujeres y jóvenes víctimas del conflicto para abrir caminos en el ámbito laboral, de igual manera, fundó junto con otras víctimas la ‘Asociación Germinar’, conformada por 300 familias, que lideran procesos de restitución de tierras.

Su labor, la ha acercado a la literatura, haciendo parte de la elaboración de ‘Libro al Viento’, un texto, resultado del trabajo con niños y mujeres que se dedicaban a la prostitución por medio de talleres en los cuales era colaboradora.

Sin embargo, a pesar del trabajo realizado, Ana Isabel llega Villavicencio con el objetivo de no continuar con ninguno de estos procesos debido a amenazas que al día de hoy aún la siguen.

“Cuando llegué a Villavicencio quería salirme de todo. Yo nunca denuncié los hechos que habían ocurrido conmigo en Bogotá, ni el Cesar, nunca nada. Solo denuncié mi desplazamiento forzado el 5 de junio de 1997, cuando llegué a Bogotá, pero no había denunciado otros hechos”, aclara García.

Actualmente, Ana Isabel desarrolla iniciativas desde la Asociación de Mujeres Víctimas Encaminadas hacia la Paz (Asomuvicopaz), como la defensa de los derechos de mujeres víctimas de violencia sexual, el reconocimiento de este hecho como un delito, “da tristeza que en el proceso de paz, ese delito lo pusieron a lo último, los grupos al margen de la ley no quieren reconocer que violaron mujeres” enfatiza la líder.

Hoy busca que el departamento del Meta tenga una política pública, que establezca garantías para la mujer, además, de un espacio en los entes gubernamentales para las personas víctimas de violencia sexual, de tal manera que puedan salir adelante espiritual, psicológica y económicamente.

“Cuando hay jornada de declaración, existen funcionarios que no se saben y no han leído la ley 1719 de 2014, ley de violencia sexual, establecida, firmada y evaluada por el presidente Santos, porque cuando una mujer dice: yo en el marco del conflicto, fui desplazada, el grupo armado me quitó el vestido y me tocó los senos, entonces recibe como respuesta por parte del funcionario, usted no es víctima de violencia sexual, porque no hay personas capacitadas en estos temas”, especifica Ana.

El denunciar su violación, representó para esta mujer volver a su pasado, cuando siendo una niña fue secuestrada, torturada y abusada, hecho del cual tuvo una hija, pero con la cual no tiene relación. A pesar de esto, se muestra positiva y enfocada en lograr la meta para todas.

“Quiero que las mujeres levanten su voz, que las reconozcan como víctimas, que se reconozca como un hecho grave de la humanidad, como un delito repudiable, porque nosotras las mujeres sufrimos la violencia en nuestros cuerpos, pasó la guerra por nuestros cuerpos, y nosotras no la estábamos buscando” puntualiza Ana Isabel García.

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