Editorial || La mentira como argumento

“¡Y la perla de la noche! Estos corruptos le dicen expropiador a @petrogustavo, pero hoy aprueban un artículo que le quita la plata de la cuenta de ahorros a la persona que en un año no saque el dinero. Aplica desde 92.000 pesos!!!!!” (sic).

Este es el texto de un trino de la representante a la Cámara por el partido Alianza Verde, Katherine Miranda, quien lo publicó a propósito de la discusión del artículo 78, uno de los más polémicos del proyecto de Presupuesto General de la Nación, presentado por el Gobierno Nacional.

En realidad, el artículo sí fue aprobado pero la normatividad aplicará para las cuentas inactivas por más de un año que tengan hasta 92.000 pesos y no desde 92.000 pesos, una “sutil” diferencia que no fue explicada por la congresista.  El trino provocó una ola de indignación (otra más) en redes sociales en las que se retuiteó más de 2.700 veces esta falsa noticia, sumando además los pantallazos que se compartieron en Facebook y otras plataformas.

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En el paro nacional, otro trino de la concejal de Bogotá por Colombia Humana, Heidy Sánchez, denunciaba que “las ambulancias estaban entregando a los heridos en las manifestaciones a la Policía”, lo que habría causado que varios de estos vehículos de la misión médica fueran quemados por hordas enardecidas en la Capital de la República. Ella negó que su trino tuviera tanta influencia como para provocar el ataque a las ambulancias.

El fenómeno de las falsas noticias afecta desde las clases más populares de nuestra sociedad, hasta los políticos de todas las ideologías; revela lo frágil que resulta la verdad por esta época en la que es más fácil demostrar como real una mentira, que evidenciar una exactitud; además, ratifica lo compleja que será la campaña preelectoral de cara a las elecciones de Congreso y Presidencia, pues en medio de la polarización, las ‘fake news’ serán una herramienta para ganar.

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Una herramienta además muy peligrosa porque, como se ha demostrado, es posible que esa virulencia expresada en redes sociales se manifieste en las calles con violencia real y víctimas de verdad.

Las campañas políticas tal y como las conocieron los “migrantes digitales”, tal vez ya nunca más volverán a ser las mismas, pues evidentemente la plaza pública fue cambiada por el escenario de las tendencias y la viralidad de las acciones.

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No es gratis que el riguroso economista, Oscar Iván Zuluaga, o el serio intelectual, Alejandro Gaviria, no hayan podido resistirse a la tentación de bailar o cumplir cualquier reto en redes sociales.

Será el elector quien deba salir de su burbuja ideológica y explore más allá de la miopía que ofrecen las redes sociales o incluso los mismos medios de comunicación.

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