El legado del viejo ‘Galón’

Galón fue uno de arreadores de ganado que convirtió sus cantos en un patrimonio de la humanidad

Nació en Pore (Casanare), hijo de madre casanareña y padre portugués. Como las cosas mágicas que suceden en el Llano, nadie nunca supo en qué año vio por primera vez la luz de la sabana, por lo que tampoco se sabe cuántos años tenía.

Sin embargo, sí sabemos el momento en que se fue, hace casi un mes, el 18 de agosto pasado. Falleció en el hogar geriátrico Casa del Abuelo, en Villavicencio. Solo, sin dinero en los bolsillos, lejos de la sabana rapia y con un dolor en el corazón.

Fue un señor alto, blanco, de ojos claros y de 1,83 metros de estatura. Le gustaba marcar la diferencia y no lograba parecerse al llanero típico, pues casi siempre se veía portando su sombrero blanco y vistiendo elegante.

Pedro Nel Suárez (‘Galón’) fue un hombre que dedicó su vida a generar aportes invaluables a la cultura llanera. Su máxima inspiración siempre fueron las costumbres y quehaceres, dado que su infancia la disfrutó en los hatos del extenso Casanare, trabajando la ganadería y cantándole al colosal llano.

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A través de sus cantos, se eternizaron miles de escenarios cotidianos de los llanos: el trabajo del ganado, el amanecer llanero, las aves y las anécdotas de alegría; son varios de los temas que más estaban presentes en sus letras. Sus cantos de vaquería fueron su característica más fuerte, convirtiéndolo en un ídolo importante para la historia regional y el patrimonio cultural del llano.

Los cantos de vaquería fueron declarados por la Unesco, en el año 2014, como patrimonio inmaterial de la humanidad, con el fin de fomentar su salvaguardia, siendo un reconocimiento a la diversidad, creatividad y memoria colectiva que enriquecen y dan sentido a la construcción de Colombia.

Y Pedro Nel tuvo la oportunidad de componer varias obras literarias, donde plasmó las experiencias que vivió en su recorrido desde Arauca hasta la capital del Meta.

Sebastián Facua, antropólogo y uno de los investigadores del trabajo que permitió declarar los cantos de vaquería como patrimonio inmaterial de la humanidad, lo recuerda: “por estos tiempos de aislamiento, no pude despedirme de él, me dio muy duro la noticia de su muerte y me siento culpable de no haber estado más cerca.

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“Rescato la jovialidad de ‘Galón’, era alguien con quien uno finalmente no podía estar triste al lado  por más que él estuviera contando las cosas más difíciles que estaba viviendo. Tenía la fuerza de sacar un chiste, una mirada de gracia; eso es algo muy bonito que tienen los llaneros más campesinos”, dice Facua.

También reclamaba mucho por lo que él hacía ya que aunque era un trabajo en todo el sentido de la palabra, lastimosamente no se logró reconocer con la dignidad y con las garantías que necesitaban.

“No es con la muerte de él que nos queda el legado, es con la vida de ‘Galón’ que nos queda toda la riqueza. Mucha gente tuvo la oportunidad de escucharlo, otros lo documentaron, lo grabaron, hicieron un ejercicio con él. Se tomaba el tiempo para contarnos sobre su vida”, dice Facua.

El legado de Galón queda en el Llano, pero pocos pueden recoger sus cantos para preservarlos.

La magia del ‘galonero’

Jhon Moreno Riaño, otro de los investigadores que tuvo la fortuna de compartir muchos años de experiencia y trabajo con ‘Galón’, hoy lo recuerda con una profunda nostalgia, pero con una infinita admiración.

“Galón tenía un mundo personal muy rico. Él siempre hablaba del ‘pensamiento galonero’ del ‘cuento galonero’, él y su ‘mundo galonero’. Me decía: A mí ya no me digan señor Galón, díganme señor garrafón porque las cosas se están subiendo. Tenía mucha chispa, mucho conocimiento del llano y de sus caminos ganaderos. Un literato brutal para inventarse sus historias.

“Él celebraba la vida a través de la narración: su muerte es la extinción de una raza, cada vez son más pocos. Se están llevando la memoria del llano. La forma de comunicarse con los demás a través de dichos y refranes”, advierte Jhon Moreno.

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Y es que, según el antropólogo, desde el 2015 a este año, han fallecido cuatro cantadores de vaquería, por lo que los expertos recomiendan que es importante seguir tejiendo con los relatos que ‘Galón’ compartió de su vida, y resaltar que el trabajo de los cantadores de vaquería, es de un esfuerzo constante para mantener vivo este patrimonio. 

Es fundamental, resaltar la importancia de este trabajo y lo que pierde el folclor con la muerte de cada cantador de vaquería.

“Se está perdiendo todo. Lo que pasa es que a mí la categoría de folclor me resulta un poco incómoda porque finalmente lo terminamos viendo como algo del pasado, como algo inmóvil, como algo que ya no está, como que hace parte de una cosa metafísica. Cuando hablamos de folclor, hablamos del alma, del pueblo. Y creo que eso es precisamente el problema.

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“Él era alguien que siempre estaba buscando una ayuda económica y no porque quisiera lucrarse, sino porque ese era su trabajo, su trabajo había sido sostener la cultura llanera, no en lo metafísico sino en la práctica. Creo que en el fondo, eso es lo que pierden, no tanto el folclor sino la cultura llanera. En ese sentido, siento que se está perdiendo la práctica, lo que era el trabajo de llano, lo que eran las bases materiales de esa vida en el llano antes y que nos podían dar luces para ver cómo se asumía el futuro, sin dejar de lado los valores que habían aprendido en otra práctica” expresó Sebastián Facua.

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