OPINIÓN | ¡Autoridad!

Por José Felix Lafaurie – Presidente de Fedegán

Frente al dantesco panorama de camas UCI en el país, ¿qué explicación tienen los alcaldes “alternativos” del país? No basta la advertencia de que lo peor está por venir, mientras no solo callan frente a las marchas de este 28 de abril y las del 1º de mayo, que no faltarán, sino que las permiten y habilitan.

¿Por qué cierran el comercio, lesionando el derecho al trabajo, pero permiten las marchas protegiendo el derecho a la protesta? ¿Por qué ese ejercicio discrecional e ideológico de la autoridad?

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Ahora más que nunca la ciudadanía exige autoridad. ¡Autoridad!, para impedir la amenaza homicida de las movilizaciones convocadas por sindicatos y centrales obreras contra la Reforma Tributaria.

José Felix Lafaurie – Presidente de Fedegán

¡Autoridad!, para prevenir, y no estaríamos contando los muertos de la minga que nunca debió entrar a Bogotá, ni los de las protestas callejeras por el garantismo populista frente a derechos innegables, pero postergables cuando del interés general se trata, ni los del despelote navideño, ni los de la Semana Santa.

¡Autoridad!, para sancionar de verdad, con trabajo comunitario siquiera, porque los muertos duelen más cuando la Policía nos informa por televisión de 13 ciudadanos de fiesta en un prostíbulo, que salieron orondos con su comparendo en el bolsillo.

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¡Autoridad!, clama la ciudadanía. Es cierto que la disciplina social se estrella contra la pobreza y la lucha por la subsistencia, pero aún en esa condición vulnerable el autocuidado es posible y necesario, porque hay que estar vivo para tener afán de subsistencia.

No han importado las medidas de confinamiento para contener el virus, las personas han salido a las calles. Foto: Santi Herrera

La principal estrategia sigue siendo el autocuidado, que es hijo de la disciplina social, pero este planteamiento no releva al gobernante de sus responsabilidades, pues cuando falla la disciplina, como aprendimos en casa, la autoridad debe llenar ese vacío, para detener el espectáculo grotesco, si no fuera mortal, de “ciudadanos” haciendo lo que les viene en gana y sancionados con comparendos que son “rey de burlas”.

¡Autoridad! Los habitantes tenemos derecho a la vida, y sus alcaldes la obligación de garantizarlo.

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