domingo, 21 de abril de 2024
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Una historia de generosidad y amor por los demás


Una historia de generosidad y amor por los demás 1
Francisco distribuye la comida en uno de los sectores populares de Villavicencio.
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Redacción PDM

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A sus 63 años, Francisco Zapata es el ángel de muchas familias de escasos recursos y de personas en condición de calle en Villavicencio que no tienen a veces ni para un almuerzo. 

Por Catalina Gallego 

Al centro de Villavicencio, exactamente detrás del reconocido restaurante ‘El viejo mango’, Francisco Zapata llega en su vehículo con las ollas, platos, cubiertos y un balde que llena de agua en alguno de los restaurantes o tiendas cercanas, para brindar un plato de comida a los más necesitados. 

Este zootecnista de la UNAD y analista de suelos de cultivos durante 39 años en la Universidad de los Llanos, ahora se dedica, además de elaborar filtros de agua, a repartir almuerzos en varios sectores de la capital del Meta.

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Un año antes de que iniciara la pandemia me di a la tarea de ayudar a las personas que no tenían, en muchos casos, un plato de comida”, cuenta Francisco mientras recuerda que estas personas que ayudaba, de nacionalidad venezolana, permanecían en el puente del CAI de la Terminal de Transportes de Villavicencio. 

Cada una o dos semanas iba hasta este punto para entregar almuerzos a niños y adultos, “la primera vez repartí sancocho, yo mismo preparé todo y cuando ya estaba, iba con la olla, los platos y las cucharas hasta el lugar para brindarles la comida”, dice. 

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Aunque fueron muchos los sancochos y los fríjoles con carne, a veces Francisco se quedaba con la comida en las ollas, pues las personas preferían comer otro tipo de alimentos. 

Cuando eso pasaba me llevaba la comida a fundaciones para que no se perdiera lo que había preparado con tanto esfuerzo y para seguir con el propósito también de ayudar a quien lo necesitara”, expresa Zapata. 

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Desde ese entonces, los almuerzos son lentejas acompañadas de arroz y así no le sobra nada. Las personas que llegan a recibir su plato de almuerzo, muchas veces le agradecen por la labor y por dar alimentos altos en vitaminas y minerales que los ayuda a permanecer con energía.

Después de que no encontrara más a los venezolanos en el lugar de siempre, Francisco optó por ir a otro barrio de la ciudad, por el que pasan muchas personas, algunas de ellas habitantes de la calle.

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Cuando reparto los almuerzos las personas deben lavar los platos y cucharas con el agua que siempre recojo en el balde y dejarlos en el puesto; algunos siguen las instrucciones, otros no los lavan o se los llevan”. 

Cada que distribuye los alimentos, Francisco compra una docena de platos y de cucharas para que todos tengan donde comer. Sobre las 10:30 de la mañana llega en su motocarguero y los niños, niñas, jóvenes, adultos y abuelitos ya saben que llegó el almuerzo. 

A veces también llegan madres cabezas de familia con una olla para llevarle a sus hijos. Una vez llegó un señor y repitió cuatro veces, me dijo que era que llevaba varios días sin comer”, contó Francisco Zapata.  

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En cada almuerzo, prepara 1 arroba de lentejas y 10 libras de arroz, de los cuales salen aproximadamente 150 platos. 

Para Francisco esta labor es gratificante ya que ayuda a los demás, aunque en algunas ocasiones recibe malos comentarios o actitudes negativas de las personas, él se queda con lo bueno y positivo de ese gesto de solidaridad.

Este hombre busca el bienestar de las personas que no tienen las condiciones suficientes para tener un plato de comida, todo lo hace sin nada a cambio y con la intención de que otros ciudadanos participen y hagan esta labor en otros puntos de la ciudad.

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